Turquesa natural, la piedra del cielo y del agua
La turquesa es un mineral de cobre y aluminio. El cobre le da su azul cielo, y el hierro la empuja hacia los tonos verdes, por eso cada piedra tiene su matiz propio, del azul intenso al verde suave. Sus vetas oscuras, llamadas matriz, son restos de la roca en la que se formó: lejos de ser un defecto, son su firma.
Es una piedra blanda y porosa, y por eso la mayor parte de la turquesa que se trabaja en joyería está estabilizada: se refuerza con una resina para que no se agriete ni cambie de color con el tiempo. Es una práctica habitual y honesta, siempre que se diga. En cada ficha te contamos con claridad cómo es la piedra que vas a recibir.
“Turquesa” significa, literalmente, “piedra turca”. No porque viniera de Turquía, sino porque los mercaderes turcos la traían a Europa desde Persia, donde las minas de Nishapur la extraían desde hacía siglos. Al otro lado del mundo, los aztecas la usaban en sus máscaras y mosaicos sagrados: dos civilizaciones que nunca se conocieron eligieron la misma piedra para hablar con el cielo.