Piedra luna natural, la piedra de los ciclos
Su brillo tiene nombre: adularescencia. La luz entra en la piedra, se dispersa entre sus finísimas capas internas y vuelve a salir como un velo azulado que parece moverse. Por eso cada piedra luna cambia según la hora del día, el ángulo o la luz de la ventana: nunca la verás dos veces igual.
En esta colección encontrarás la piedra luna en varias formas. Pulida, en esfera o en punta, deja ver mejor su reflejo. En bruto, conserva sus aristas y su aspecto natural, con un brillo más discreto. Y la piedra luna arcoíris, de fondo blanco, se reconoce por sus destellos azules y de color. Cada pieza es natural, sin teñir, con sus vetas y sus pequeñas diferencias: ninguna es idéntica a otra.
En la antigua Grecia, la piedra luna se asociaba a Hécate, una de las diosas de la luna, y de ahí viene otro de sus nombres, poco conocido: hecatolita. Y aunque todo en ella recuerde a la luna, no procede de allí ni tiene nada que ver con las rocas lunares: es un mineral de la Tierra, de la familia de los feldespatos.