Redactado por Anna Piedra • Fundadora de Anna Piedra

En resumen
Tocar un cuenco tibetano tiene dos técnicas principales: la percusión, un golpe suave con la baqueta en el borde exterior, y la fricción, rodear el borde de forma continua para mantener el canto. La postura correcta empieza por la mano: completamente plana y abierta, sin que ningún dedo toque las paredes, porque eso corta la vibración al instante. El golpe inicial se da a unos 45 grados bajo el borde; la fricción se mantiene con la baqueta casi vertical, cerca de los 90 grados, con una presión que viene del hombro y el codo, nunca de la muñeca. Si la baqueta salta o chirria, la solución no es ir más rápido: hay que reducir la velocidad y aumentar la presión. La cara de madera de la baqueta saca tonos más agudos; la cara de fieltro o cuero, más graves. La retirada debe ser progresiva, nunca de golpe, para no cortar el sonido con un "clac". Esta misma técnica sirve para cualquier cuenco de metal de la colección, sea de la familia de los 7 chakras, de los 7 metales o con motivo decorativo.
Hay una pregunta que recibo cada semana en el taller, casi siempre susurrada, como si fuera un secreto: ¿y esto cómo se toca? Y es una pregunta buenísima, porque el cuenco tibetano es de esos objetos que parecen reservados a iniciados, y en realidad cualquiera puede hacerlos cantar en menos de un minuto si conoce cuatro puntos de técnica. Esta guía es la más completa que he escrito sobre el tema, y está organizada por niveles: principiante, intermedio y experto. Una aclaración antes de la primera baqueta: esta guía habla solo de cuencos de metal, los de toda la vida, y no necesitas ninguno en especial para seguirla: cualquier cuenco tibetano que tengas en casa sirve para practicar cada paso.
1. Las dos técnicas: percusión y fricción
Existen dos formas principales de hacer sonar un cuenco tibetano, y todo lo que viene después son variaciones y refinamientos de estas dos. La primera es la percusión: un golpe suave y seco con la baqueta en el borde exterior, que produce un tono claro que nace, se sostiene y se apaga por sí solo. La segunda es la fricción, también llamada "batido": rodear el borde exterior de forma continua con la baqueta, manteniendo el sonido activo y creciente mientras dura el movimiento.
Ambas técnicas se combinan casi siempre: un golpe suave para despertar el cuenco, seguido de la fricción continua para mantenerlo cantando. Es el "arranque asistido", y es la base de todo lo que aprenderás aquí. Si solo aplicas la percusión, tienes un instrumento de golpes limpios; si dominas la fricción, tienes un canto que puede durar mientras tu brazo aguante.
Cuándo usar cada técnica depende del momento. La percusión es perfecta para lo breve: despertar la atención, marcar un inicio, un golpe limpio antes de una pausa. La fricción es la técnica de lo largo: meditaciones, masajes, minutos de canto sostenido. Y el arranque asistido, golpe más fricción, es el estándar de casi todas las sesiones reales, porque cada técnica cubre lo que la otra no alcanza.
Hablemos de la herramienta, porque también tiene su lógica. La baqueta (también la verás como "maza" o "mazo") es un palo corto y grueso, más parecido a un mazo de miniatura que a la varita de un director de orquesta. Las clásicas tienen el cuerpo de madera y una de sus dos extremidades forrada en fieltro o cuero, precisamente para darte dos voces en una sola pieza. Su peso importa: una baqueta demasiado ligera no despierta los cuencos grandes, y una demasiado pesada se hace incómoda en los pequeños. Si compras una aparte de tu cuenco, busca un tamaño proporcionado a la pieza que vas a tocar.

Antes de tocar nada, dos preparativos que parecen menores y no lo son. Primero, quítate anillos, pulseras y reloj: cualquier metal que roce el cuenco genera un ruido seco que corta la vibración limpia, y además puede rayar el acabado. Segundo, elige un lugar tranquilo, sin ruido de fondo: parte de la experiencia está en escuchar también el silencio que sigue al sonido, no solo el sonido en sí. Y si tu cuenco es grande o pesado, ponlo sobre un cojín firme en lugar de sostenerlo: el cojín estabiliza la base y libera una mano.
La elección entre mano y cojín no es estética: en los cuencos pequeños y medianos, la mano plana añade una calidez que se nota en el sonido, más íntimo y cercano; en los grandes, el peso hace que la mano canse y tiemble a los pocos minutos, y el cojín gana por goleada. No hay una postura "correcta" universal: hay una postura correcta para cada tamaño.
Una última cosa antes de empezar: esta guía sirve para cualquier cuenco tibetano, sea cual sea su familia. La técnica de la baqueta es la misma para todos los cuencos de metal, y la buena noticia es que se aprende rápido.
Y si estás leyendo esto antes de comprar tu primer cuenco, un criterio de elección más útil que cualquier promesa: elige un tamaño que puedas sostener cómodo en la mano o estabilizar en un cojín, y si tienes la suerte de escuchar más de una pieza antes de decidir, deja que la voz decida. Cada cuenco canta distinto, y el que a ti te llega es el correcto, sin más fórmulas.
2. Nivel principiante: tu primer sonido

Para una principiante, tocar bien el cuenco tibetano significa sacar un sonido limpio, sin frustración, en menos de un minuto. Nada de rituales, nada de experiencia previa: cuatro pasos y una idea clara en la cabeza, que es el movimiento que viene del brazo entero, nunca de la muñeca.
- La postura de la mano. Extiende la palma completamente plana, con los dedos tendidos hacia un lado o hacia abajo, nunca cerrados alrededor del cuenco. Sostén la pieza sobre la palma abierta, o sobre un cojín si es grande. El punto crítico es este: si un solo dedo roza la pared exterior, tu piel absorbe la vibración y el sonido muere al instante. La mano plana es el soporte; los dedos, espectadores.
- El agarre de la baqueta. Sujétala a media altura, entre el pulgar y el índice, como si sostuvieras un lápiz, y apoya el resto de los dedos para estabilizar. Nunca por la punta extrema, que te quita control, ni con toda la mano cerrada, que te quita sensibilidad. La muñeca se mantiene firme y casi quieta: no es ella la que va a girar.
- El golpe de arranque. Da un golpe suave en el borde exterior, con la baqueta inclinada a unos 45 grados, justo debajo del borde. Es el despertar del cuenco: un toque breve y limpio, sin pegar fuerte, que pone el metal en vibración y te da el tono inicial sobre el que vas a trabajar.
- La fricción. Inmediatamente después del golpe, apoya la baqueta casi vertical, cerca de los 90 grados, contra el borde superior exterior, y comienza a rodearlo con un movimiento constante y lento. El movimiento viene del hombro y del codo, como si pintaras un círculo con todo el brazo; la muñeca solo acompaña. Mantén la presión y la velocidad uniformes, y deja que el sonido crezca solo.



Si prefieres el resumen de un vistazo:
¿Y cómo sabrás que lo estás haciendo bien? El sonido correcto nace limpio, sin chirrido, y crece de forma estable durante las primeras vueltas, sin saltos ni cortes. Si oyes un zumbido constante que va subiendo sin romperse, eso es: tu cuenco está cantando. Muchas principiantes esperan un sonido enorme la primera vez y se decepcionan; el volumen llega solo cuando la presión se afina, y ese es trabajo de las siguientes sesiones.
Sobre las primeras sesiones, un consejo realista: dedica unos diez minutos, haz tres o cuatro intentos con calma, y si el sonido no llega en alguno, descansa y vuelve a empezar por el golpe de arranque. Nadie nace sabiendo rodear un borde a velocidad constante, y el gesto se asienta con la repetición: la segunda sesión siempre es mejor que la primera, y hacia la tercera el brazo ya "entiende" el círculo sin que pienses en él. Lo que no mejora solo es la postura de la mano: esa se vigila cada vez, siempre.
| Paso | Lo esencial |
|---|---|
| 1. Mano | Palma plana, dedos fuera de las paredes, cojín si pesa |
| 2. Baqueta | Agarre a media altura, como un lápiz, muñeca fija |
| 3. Arranque | Golpe suave a 45 grados bajo el borde |
| 4. Fricción | Baqueta casi vertical, círculo lento desde el hombro |

Errores críticos de nivel principiante
- Cerrar los dedos sobre el cuenco, cortando la vibración al instante. Es el error número uno, y la causa de la mayoría de cuencos "que no suenan".
- Lanzarse directamente a la fricción sin el golpe de arranque, lo que suele acabar en un silencio frustrante: el cuenco necesita ese primer impulso.
- Mover solo la muñeca en lugar de todo el brazo: el ángulo de la baqueta cambia a mitad de vuelta, la presión se rompe y aparece el chirrido.
- Ir demasiado rápido desde el principio. El sonido necesita una velocidad constante y moderada para nacer; la prisa lo corta antes de que exista.
“La primera vez que alguien logra hacer cantar su cuenco, siempre me dice lo mismo: no sabía que era tan sencillo. Y lo es, una vez que entiendes estos cuatro puntos.”
Si estás empezando, un cuenco para cada zona hace todo más intuitivo.
Cuencos tibetanos de 7 chakras
Te dejo descubrirlo si te sientes atraída →
3. Nivel intermedio: controlar la resonancia
Para quien ya sabe hacer sonar su cuenco, el siguiente nivel significa controlar qué tipo de sonido produce, y evitar que se sature o se apague antes de tiempo. Aquí la práctica deja de ser mecánica y se convierte en escucha real: empiezas a sentir el cuenco, no solo a moverte alrededor de él.
- Elegir el carácter con la baqueta. La mayoría de las baquetas tienen dos caras, y cada una cambia la voz del cuenco. La cara de madera desnuda hace resaltar los tonos más agudos y las vibraciones secundarias: un sonido más brillante, más presente. La cara de fieltro o cuero produce un sonido más grave y envolvente, que abraza más que punza. No hay una cara mejor que otra: depende de si buscas claridad o calidez. Prueba ambas con el mismo cuenco y escucha la diferencia, es una de las exploraciones más bonitas de este nivel.
- El efecto que hace saltar la baqueta. Los físicos lo llaman "stick-slip": cuando la baqueta roza el borde, se pega y se suelta miles de veces por segundo, y es ese micro-agarre el que genera el canto. El problema llega cuando el sonido sube de volumen: el metal en vibración empieza literalmente a empujar la baqueta hacia afuera, y si en ese momento aceleras, la baqueta salta y produce ese chirrido desagradable que todos hemos oído. La solución es contraria a la intuición: reduce la velocidad y aumenta la presión hacia el centro del cuenco. Cuanto más fuerte canta, más firme debe ser tu mano. Es la paradoja central de la fricción, y dominarla es lo que separa el nivel intermedio del principiante.
- La transición invisible al terminar. Retirar la baqueta de golpe corta el sonido con un pequeño "clac" que rompe toda la experiencia. La salida elegante existe y es hermosa: reduce la presión muy poco a poco a lo largo de una o dos vueltas completas, hasta que la baqueta apenas roce el metal, y solo entonces aléjala lentamente, en horizontal, sin brusquedad. El cuenco entra así en su fase de apagado natural, y el final de la sesión es un silencio que llega, no un silencio que se impone.


Para recordar las tres claves de este nivel: la cara de la baqueta decide el carácter, la presión decide la estabilidad, y la salida decide el final.
Y una variable que casi nadie explica: el tamaño del cuenco cambia la técnica. Un cuenco grande, con más masa y más borde, pide círculos lentos, presión generosa y baquetas de peso: es un instrumento de gestos anchos y calma. Un cuenco pequeño pide exactamente lo contrario: círculos más rápidos y ligeros, con mucha menos presión, porque su borde corto se recorre en nada y su masa despierta con poco. Si tocas cuencos de tamaños distintos, no traduzcas el mismo gesto de uno a otro: escucha qué pide cada pieza y adáptale la mano. Es la razón práctica de que existan distintos tamaños, además de la estética: cada tamaño es una voz distinta que pide su propia manera de ser tocada.

Errores críticos de nivel intermedio
- Acelerar el movimiento cuando el sonido empieza a saturarse, en lugar de ralentizar y presionar más. Es exactamente lo contrario de lo que pide el cuenco.
- Retirar la baqueta de forma brusca al terminar, cortando el canto de golpe y perdiendo la mejor parte: el apagado lento.
- Usar siempre la misma cara de la baqueta sin explorar cómo cambia el carácter del sonido. Es quedarse con la mitad de la voz del cuenco.
“Este es el punto donde la práctica deja de ser mecánica y se convierte en escucha real: empiezas a sentir el cuenco, no solo a moverte alrededor de él.”
Para entrenar esa escucha, un ejercicio que me funciona en el taller: haz sonar el cuenco con los ojos cerrados y sigue el sonido con la atención, sin intervenir. Vas a notar que el canto no crece en línea recta, tiene picos y descansos, y que hay un punto exacto en el que el cuenco "coge" el ritmo de tu baqueta y empieza a cantar casi solo. Ese punto, que cada persona encuentra en un sitio ligeramente distinto, es tu referencia: a partir de ahí, mantener el sonido cuesta la mitad. La escucha no es un adorno poético de este nivel: es literalmente la técnica.
Un matiz bonito de este nivel: los cuencos forjados a mano, como los de la colección de 7 metales, tienen precisamente estas irregularidades naturales que hacen que el sonido nunca sea perfectamente uniforme en todo el borde. No es un defecto: es parte de su carácter artesanal, y te cuento toda la historia de esa forja, generación a generación, en el artículo sobre la tradición de los cuencos de 7 metales.
Y si lo que quieres es dar un paso más allá del gesto y posar el cuenco directamente sobre el cuerpo, esa es otra práctica, con sus propias reglas de seguridad, y tiene su guía completa en el artículo sobre el masaje sonoro con cuencos tibetanos.
Cuando ya sabes qué voz buscas, aquí están todas las creaciones de Anna.
Cuencos tibetanos
Te dejo descubrirlo si te sientes atraída →4. Nivel experto: la micro-precisión
Para quien ya domina el gesto y busca la máxima expresividad del cuenco, existen dos técnicas de mayor precisión. Ninguna es imprescindible para disfrutar del instrumento: son refinamientos, y como todos los refinamientos, piden tiempo.
- El arranque en frío. En lugar de despertar el cuenco con un golpe de percusión, se puede lograr que el sonido nazca directamente de la fricción: presión firme desde el primer contacto, movimiento extremadamente lento al principio, y paciencia hasta que la vibración aparece sin ningún golpe previo perceptible. El canto emerge del silencio, sin anuncio. Es una técnica más exigente que el arranque asistido, especialmente útil cuando el golpe seco no encaja con el momento, y falla exactamente por una razón: la impaciencia. Si aceleras antes de tiempo, el sonido no llega a nacer.
- El agua y las ondas visibles. Si añades una pequeña cantidad de agua dentro de un cuenco mediano o grande y lo haces sonar con la fricción, puede aparecer uno de los espectáculos más bonitos de la física cotidiana: ondas visibles en la superficie del agua, que se organizan en círculos concéntricos, y si la vibración es intensa, pequeñas gotas que saltan y bailan. Es un fenómeno real y muy vistoso, y conviene tratarlo como una experiencia a observar más que como un protocolo exacto: la cantidad de agua influye mucho en el resultado, así que empieza con muy poca e ir ajustando. Y una regla sin excepciones: al terminar, seca el cuenco de inmediato, para evitar cualquier oxidación del metal.

Las dos técnicas de este nivel comparten un espíritu: quitarle ruido al inicio y al final del sonido, que el canto aparezca y se marche sin sobresaltos.
Errores críticos de nivel experto
- Añadir demasiada agua de golpe: el exceso de masa apaga la vibración, y el cuenco canta cada vez menos cuanto más lleno está.
- No secar el cuenco inmediatamente después de usar agua, favoreciendo la oxidación del metal, especialmente en piezas con pátina oscura.
- Forzar el arranque en frío con impaciencia: esta técnica pide más tiempo y más calma que el método asistido, no menos.
“El agua es de esos detalles que sorprenden la primera vez que los ves con tus propios ojos. No hace falta ninguna explicación complicada: solo hay que probarlo con calma, y con poca cantidad al principio.”
Un detalle de precisión que aprendí con los años: el estado de tus manos cambia la fricción. Las manos muy secas patinan sobre la madera de la baqueta y pierden el control fino; las manos recién cremadas resbalan sobre el metal y el micro-agarre no se produce. La zona intermedia, una piel limpia y ni sequísima ni grasienta, es donde la técnica responde mejor. Si tus manos tienden a la sequedad, un vaso de agua cerca y unos segundos de contacto antes de empezar igualan la partida.
Y para cerrar el nivel, la pregunta del ritual: cómo convertir estos gestos en una sesión con estructura, sin inventar liturgias. Mi estructura mínima, la misma desde hace años, cabe en una frase: golpe de arranque, dos o tres vueltas de fricción, y silencio. Empiezas despertando el cuenco, sostienes su canto el tiempo que tu cuerpo pida, y retiras la baqueta con la salida progresiva que viste antes, dejando que el apagado llegue solo. Si el momento lo pide, repites. Esa estructura de tres tiempos, golpe, canto y silencio, es toda la ceremonia que una sesión honesta necesita.
La pieza forjada a mano de toda la vida, para manos que ya dominan el gesto.
Cuencos tibetanos de 7 metales
Te dejo descubrirlo si te sientes atraída →5. Cómo limpiar y activar tu cuenco
La limpieza física es sencilla y no admite atajos: un paño suave, ligeramente húmedo, y secado inmediato. Evita cualquier producto químico o abrasivo, que puede dañar el acabado, especialmente si tu cuenco tiene una pátina oscura o un grabado delicado. La experiencia de años me ha dejado dos reglas: nunca sumergir la pieza en agua, y nunca dejarla secarse sola sobre un paño mojado. Treinta segundos de paño seco tras cada uso bastan para que un cuenco te dure décadas.
Sobre la activación, toca decirlo con claridad: no hace falta ningún ritual complicado para "activar" un cuenco tibetano. La palabra suena bonita, pero la realidad es más simple y más honesta: el cuenco está siempre listo para sonar, lo que cambia es tu propia técnica. Basta con aplicar la postura y el golpe de arranque que viste en el nivel principiante, y el sonido llega. Si quieres dar al momento un carácter de ritual personal, hazlo, es un gesto bonito con tu pieza; solo sabe distinguir la ceremonia que eliges de la necesidad técnica que no existe.
Cada cuenco de metal suena a su manera, con su propia voz, y si te apetece explorar esa dimensión simbólica del sonido, te lo cuento en la guía de los cuencos tibetanos, la nota y el orden.
Al almacenaje le dedico la misma seriedad, porque un cuenco se estropea más en el armario que en la mano: guárdalo en un lugar seco, envuelto en un paño suave, y separado de otras piezas de metal que puedan rozarlo. Los golpes entre cuencos apilados son la primera causa de abolladuras, y una abolladura en el borde cambia el carácter del sonido para siempre. Si guardas la baqueta junto al cuenco, que no quede atrapada entre la pared y el paño: presionada contra el borde, deja marca. Para conocer toda la historia de estos instrumentos, tienes nuestra guía completa sobre los cuencos tibetanos.
6. Qué pasa cuando no suena el cuenco
Es la consulta más frecuente de todas, y casi siempre tiene solución en la técnica, no en el cuenco. Si tu cuenco no suena, o se apaga enseguida, revisa estos cuatro puntos, ordenados de más a menos frecuente:
- Los dedos tocan las paredes. Es, con mucha diferencia, la causa más habitual. Un dedo apoyado en la pared exterior absorbe la vibración y apaga el sonido al nacer. Asegúrate de que la mano esté completamente plana, o pasa el cuenco a un cojín para eliminar el factor humano del todo.
- Presión o velocidad incorrectas. Demasiada velocidad al principio impide que el sonido se estabilice; demasiada poca presión no genera la fricción necesaria para que nazca el canto. Vuelve al punto de partida: lento y firme, y ajusta desde ahí.
- Falta el golpe de arranque. Intentar la fricción "en frío" sin experiencia previa suele fallar, porque es una técnica de nivel experto. Empieza siempre con un golpe suave a 45 grados, y después frota.
- Suciedad en el borde. El polvo o la grasa acumulada dificultan el deslizamiento de la baqueta y el micro-agarre que genera el sonido. Un paño seco pasado por el borde antes de empezar resuelve la mayoría de estos casos.
Y la pregunta que me llega casi con vergüenza, que no debería: ¿por qué hay personas que no consiguen hacer sonar el cuenco? La respuesta honesta es que no es un don ni una energía especial: es técnica. Cualquiera puede hacerlo con la postura correcta y un arranque asistido, exactamente igual que cualquiera puede aprender a silbar. Lo que pasa es que quien falla suele estar cometiendo uno de los cuatro errores de arriba, normalmente el primero, sin saberlo.
Sobre si un cuenco puede estar "desafinado": un cuenco artesanal no está afinado a ninguna nota estándar de fábrica, tiene la voz que la forja le dio, y esa voz es suya para siempre. Lo que sí puede pasar es que un golpe fuerte, una abolladura o una grieta cambien el carácter del sonido o lo apaguen; si tu cuenco sonaba distinto antes y ahora no, revisa la superficie buscando marcas nuevas antes de culpar a tu técnica.
Un último sospechoso habitual: el estado de la baqueta. Un fieltro gastado, endurecido o sucio ya no roza el borde como debe, y una madera con residuos pegajosos arrastra el sonido en vez de cantarlo. Si tu técnica es correcta y el cuenco sigue sin responder, pasa la baqueta por un paño limpio y seco, y toca con la otra cara: la diferencia, cuando existe, se nota al instante.

7. Contraindicaciones y precauciones
El cuenco tibetano es un instrumento seguro, pero hay algunas precauciones que siempre cuento en el taller, con la misma prudencia con la que las recogen las propias tiendas del sector.
Antes de la lista, el marco honesto: lo que sigue son recomendaciones de precaución que maneja el propio sector del bienestar sonoro, formuladas con prudencia porque la investigación específica sobre cuencos es escasa. Ninguna es una alarma, y todas se resuelven con la misma actitud: sentido común y consulta profesional cuando hay duda.
Embarazo: se recomienda evitar posar el cuenco directamente sobre el vientre, especialmente en el primer y último trimestre, y consultar con tu médico o matrona ante cualquier duda. Es una recomendación de precaución del propio sector, no un hecho médico establecido, y por eso prefiero la prudencia a la promesa.
Marcapasos u otros dispositivos médicos implantados: se recomienda precaución, dado que las vibraciones se transmiten a través del cuerpo, y el sentido común sugiere no posar el cuenco directamente sobre la zona del implante. Ante cualquier duda, la respuesta es siempre la misma: consulta con tu profesional de salud antes de practicarlo.
Piel sensible o alergia a metales: si notas irritación al contacto prolongado con la pieza, evita apoyar el cuenco sobre la piel desnuda y mantenlo sobre un cojín o sobre la ropa. Las aleaciones artesanales contienen cobre y otros metales, y cada piel es un mundo.
Volumen cerca de los oídos: evita hacer sonar el cuenco muy cerca o muy fuerte junto a las orejas, especialmente los cuencos grandes, porque puede provocar molestias o dolor de cabeza. El instrumento se disfruta a distancia de brazo, no pegado a la cara.
Ante cualquier duda, con o sin condición médica conocida, consulta siempre con un profesional de salud. Esta guía es técnica y de bienestar doméstico, no un manual terapéutico.
Preguntas frecuentes sobre cómo tocar un cuenco tibetano
¿Cómo se usa un cuenco tibetano?
Se sostiene sobre la palma completamente plana de la mano o sobre un cojín, y se hace sonar de dos maneras: un golpe suave en el borde exterior para un tono claro, o rodeando el borde con la baqueta de madera casi vertical, con presión y velocidad constantes, para un canto mantenido.
¿Cómo limpiar y activar un cuenco tibetano?
La limpieza se hace con un paño suave ligeramente húmedo y secado inmediato, sin productos químicos. No existe ningún ritual necesario para activarlo: el cuenco está siempre listo, basta con aplicar correctamente la técnica de percusión o de fricción.
¿Qué pasa cuando no suena el cuenco tibetano?
Lo más habitual, y de lejos, es que los dedos estén tocando las paredes del cuenco, cortando la vibración. También puede deberse a una velocidad o presión incorrectas, a la falta del golpe de arranque previo, o a polvo acumulado en el borde.
¿Cuáles son las contraindicaciones de los cuencos tibetanos?
Se recomienda precaución durante el embarazo, con marcapasos u otros dispositivos médicos implantados, en caso de alergia a metales, y evitar el volumen fuerte junto a los oídos. Ante cualquier duda, consulta con un profesional de salud.
¿Necesito experiencia previa para tocar un cuenco tibetano?
No. Con la palma plana, un golpe de arranque suave a 45 grados y una fricción lenta desde el hombro, cualquier persona puede sacar un sonido limpio desde la primera vez, en menos de un minuto de práctica.
¿Sirve la misma técnica para cualquier cuenco tibetano?
Sí. La técnica de percusión y fricción es la misma para cualquier cuenco de metal, sea de la familia de los 7 chakras, de los 7 metales o con motivo decorativo: cambia la voz de cada pieza, no el gesto.
Escrita por Anna, fundadora de Anna Piedra y apasionada de las piedras naturales desde hace más de veinte años, una pasión transmitida de madre a hija.
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